La curiosidad me mataba. Eso de saber cómo estabas después de un mes sin verte ha hecho que me picase el gusanillo de la curiosidad.
Sinceramente, nos está haciendo bien el no vernos. Aquel pacto que hicimos en Alto de Extremadura ha sido lo mejor que hemos podido hacer. Sé que ni siquiera tendriamos que haber seguido viviendo juntos pero ya sabes que nos va el sadomasoquismo. Aún me acuerdo de las palabras de mi bohemia cuando me decía que saliese de allí corriendo. Qué pena que no le hiciese caso. Si lo hubiese hecho otro gallo cantaría.
Pero ese tema está más que gastado y no quiero usarlo más. Mejor dicho, no lo usemos más.

Ayer, como si de un fugonazo de luz se tratase, me dí cuenta de que mi enfado se ha ido esfumando. A lo mejor la brisa de levante ha tenido la culpa. O a lo mejor es porque por primera vez desde que te dejé, hemos dejado realmente la relación. Es un poco complicado. Todo lo nuestro lo ha sido. Y rápido.
En muy poco meses hemos pasado a ser El novio, la novia y su amiga (como si se tratase de una versión cutre de la película de Peter Greenaway) a El ex, la ex, su novio y la compañera de piso.
El desgaste de las relaciones ha sido terrible. Pero eso es otra historia.

La verdad es que cuando has llegado no te he reconocido. Sabía perfectamente que eras tú pero en el fondo no eras el mismo. No sé si es porque has cambiado o porque yo te veo diferente.

Ahora el gusanillo curioso me hace imaginar cómo se desarrollará todo esto en el futuro.
Se aceptan sugerencias.


LauraRuiz tiene en su cabeza esto y esto

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